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sábado, 5 de mayo de 2018

La vida dentro de un castillo.

  Que Cádiz fue tierra de fronteras a lo largo de los últimos siglos medievales entre los reinos granadino y castellano, lo manifiesta la existencia de las distintas fortificaciones, cuando no fundaciones, de los pueblos de casi toda la provincia, especialmente, los serranos y los orientales, que permanecieron en el reino nazarita hasta finales del XV, bien de manera permanente, o cambiando de manos entre cristianos y musulmanes, algo muy normal en aquella frontera fluctuante. Dichas poblaciones, crecieron al amparo de un castillo, que solía estar situado en el monte más alto de una determinada zona, para dominar con ello un amplia área, y aunque no lo solemos ver hoy en día, paños de muralla solían salir de la fortaleza para rodear en casco urbano que la rodeaba. Muchas de estas han desaparecido, en muchas ocasiones con el núcleo imaginario musulmán, o bien, se ha visto fagocitado por las propias casas. No obstante, aún quedan algunos pueblos que conservan murallas, alcázar y la población dentro de éstas. Nos referimos a Castellar de la Frontera.


  Hay que decir que hay que diferenciar el Castellar viejo del nuevo; el último, es el típico pueblo de repoblación de la posguerra, moderno, con calles ordenadas y un claro carácter agrario. Uno de otro, distan varios kilómetros de distancia, y hay que superar al nuevo, para entrar en una tortuosa carretera que nos lleva al pueblo viejo, éste sí, una estampa típicamente medieval. De hecho, una vez terminado el ascenso, el vehículo debe dejarse en una explanada que hace las veces de aparcamiento; dejado éste, no cuesta nada en absoluto, imaginar como los distintos alcaides y sus caballeros entraban a caballo por la única puerta de acceso que hay a la población, puerta ésta, que hasta la construcción del pueblo nuevo, a mediados del siglo XX, se cerraba como sucedía en tiempos medievales. Hoy día, de ésta sólo queda el arco de acceso por la zona del alcázar, posteriormente palacio del Marqués de Moscoso, conjunto con una arquitectura nazarita de base, similar a las existentes en otras fortalezas del reino de Granada, pero que incorpora elementos posteriores. Aún así, las imponentes torres nos avisan de que estamos en la zona más fuerte y difícil de conquistar del conjunto. Actualmente, éste hace las veces de hotel con encanto de la cadena Tugasa, adscrita a la Diputación gaditana. El mismo palacio se une a la pequeña iglesia del siglo XVII por medio de una algorfa; el templo casi con total seguridad se trataba de la antigua mezquita local. Pero lo mejor está aún por ver, el interior de un pueblo de casas blancas con puertas y ribetes de color añil, de un urbanismo de herencia musulmana, pero con la típica arquitectura sencilla del interior rural andaluz, con las características fachadas blancas y tejados a dos aguas con tejas árabes, así como puertas y ventanas de madera. Las mismas aprovechan gran parte del conjunto amurallado, el cual se conserva completo e íntegro, y mantiene su estructura típica de entre los siglos XIII al XV, propios del nombrado reino granadino, conservándose hasta algunas barbacanas. Y aunque pequeño, el pueblo puede llevar un buen rato de visita, pues es más que recomendable perderse por sus tortuosas calles, algunas de las cuales, acaban con unas magníficas vistas a un mirador, o balcón al pantano del Guadarranque y al selvático parque natural de Los Alcornocales.


  La entrada al pueblo es en sí toda una grata experiencia, un viaje absoluto en el tiempo, en el que reina el silencio en las estrechas calles adoquinadas con chinos. En su interior están prohibido los vehículos, y sólo las papeleras nos recuerdan en el siglo que estamos. Además, de por su limpieza, el pueblo es digno de ejemplo; el mantenimiento del mismo se lleva a cabo por los habitantes locales, muchos de ellos, por gente procedente de otras latitudes europeas, aunque como es lógico, el cuidado del mismo entre dentro de los presupuestos del ayuntamiento local. Por último, subimos a un mirador, desde donde se puede observar una magnífica panorámica, donde se ven las verdes espesuras de los alrededores y el peñon de Gibraltar al fondo, así como los distintos halcones y cernícalos volando en sus labores de cacería. El silencio reina, sólo roto por el sonido de los falcónidos, y los cantos de los vencejos y chovas que pueblan estas piedras milenarias. Todo un viaje en el tiempo en el que no hace falta más que recorrer algo más de una hora de viaje, y es que nuestra tierra andaluza, sigue ofreciendo estampas únicas y desconocidas, incluso para los amantes de la carretera como yo. Un saludo desde el sur.











































  

sábado, 21 de abril de 2018

Las cuatro estaciones de Cádiz.

  Hoy toca una entrada sencilla, sin grandes tecnicismos y con apenas algún texto explicativo. He decidido escoger, a modo expositivo cuatro fotos propias por cada estación del año, y es que nuestra provincia puede mostrar su encanto y su belleza en los distintos momentos del mismo. La variedad de paisajes y ciudades que tenemos nos permite tener diferentes excursiones para cada temperatura y tiempo. Ahí van con sus localidades y fechas, como un recuerdo, de un momento único que pude capturar:
  • Invierno: El invierno gaditano suele ser igual de suave que el de las localidades costeras andaluzas. Si bien, es más húmedo por lo general, tanto en el plano de las precipitaciones como en el de la humedad ambiental. Las olas de frío no suelen ser abundantes ni duraderas, aunque se puede llegar a los cero grados en zonas costeras y a -10º en las cotas más altas de Grazalema. Por lo general, las temperaturas suelen rondar entre los 9º-12º de mínima, y los 16º-20º de máxima, según mes. 
    • Puerto de las Palomas: No hay mejor estampa para el invierno que una nevada, un fenómeno meteorológico que no es precisamente abundante en nuestra provincia, pero que se suele dar en los días más crudos del invierno en este puerto de montaña, que con 1.357 metros de altura, es calificado como el más alto de Andalucía Occidental, y que une las poblaciones de Grazalema con Zahara de la Sierra. En la imagen, unos cuantos pinsapos compiten con unos pinos rastreros por el poco suelo existente entre tanta roca caliza. 

    • Calle Real de San Fernando: Las Navidades son la fiesta oficial de entrada al invierno, una adaptación cristiana de las saturnales romanas y de las fiestas del solsticio invernal a lo largo de las culturas antiguas. En cada una de las poblaciones de nuestra provincia, cada Ayuntamiento se esmera en presentar la mejor decoración posible en sus calles principales, como la Real de San Fernando. En la imagen, la iluminación navideña de la farola se refleja en la cristalera del balcón, pareciendo que el árbol realmente esté dentro.

    • Salina de Dolores, Cádiz: Choca ver una imagen florida en invierno, pero la suavidad de temperaturas imperante en la zona permite una floración sostenida a lo largo del año, sobre todo en invierno y primavera, pues la vegetación es muy variada (hay que pensar, que sólo en el pinar del Hierro de Chiclana, hay más variedad de taxones que en toda Alemania), y de este modo evitan, en lo posible, la competencia entre ellas. En la imagen, los vinagrillos suelen florecer entre finales de enero y mediados de marzo, adornando de amarillo la marisma, y la entrada de la casa salinera Dolores, tal vez, la más bella del parque natural Bahía de Cádiz.

    • Carretera de las Lagunas, Chiclana de la Frontera: Otro efecto desconocido por los foráneos de nuestra tierra es el hecho de que vivimos en una provincia esencialmente húmeda, aunque con grandes irregularidades hídricas, alternándose periodos continuados de lluvias con otros extensos de extrema sequía. En el primer periodo, entre noviembre y abril, cuando las borrascas entran con frecuencia es normal ver como los terrenos endorreicos y pantanosos, secos del estío, se vuelvan a inundar. Aunque para mí el área inundable más curiosa que he conocido es la del entorno de la laguna de La Paja en Chiclana de la Frontera, donde el bosque de pinos y eucaliptos del entorno se ven con medio metro o más de agua, viéndose imágenes tan curiosas como la presente, de las garcetas paseando entre los palmitares, en una imagen más propia de Florida que de Europa.


  • Primavera. La primavera es una de las mejores estaciones para visitar toda Andalucía, y Cádiz en concreto. Los campos están verdes, las flores han proliferado y aunque todavía puede haber abundantes precipitaciones, por lo general empiezan a haber temperaturas suaves y días soleados. La diferencia entre meses hace que en marzo por ejemplo haya temperaturas entre los 12º y 19º, y en junio entre 19º y 30º. 
    • Castillo del Fontanal, Bornos. El castillo palacio bornense, que fue propiedad de los Ribera, estuvo vinculado con el de Pilatos de Sevilla, y es un gran desconocido incluso entre los gaditanos. No obstante, estamos hablando de una de las mejores obras renacentistas de Andalucía con unos espectaculares jardines con fuentes, estanques, grutescos y una espectacular logia pompeyana. Pero no desmerece tampoco el resto del palacio, en cuyo patio central, en la imagen, se puede ver el esplendor de un tiempo de descubrimientos, que se ven reflejados en las gárgolas existentes en las arcadas, con motivos mesoamericanos, como un águila o un jaguar, entre otros. 

    • Plaza de España, Cádiz. La Tacita de la Plata es una ciudad de plazas y espacios abiertos, aunque como todo centro histórico, tenga sus estrecheces. Una de las más espectaculares es la de España, donde se encuentra el monumento a las Cortes de 1.812, así como la bellísima aduana, de estilo neoclásico, además de una serie de palacetes y torres miradores que reflejan el esplendor de tiempos mejores de una ciudad que mira con nostalgia al pasado. En la imagen el generoso colorido de las flores contrastan con los palacetes de las Cinco (izqda.) y Cuatro Torres (Dcha.).

    • Conil desde Castilnovo. Nuestra provincia es una tierra de pastizales y prados naturales, algo muy poco común en España, donde las especies leñosas abundan sobre las herbáceas. Esto es debido, sobre todo a lo compacto de la tierra arcillosa existente en gran parte de nuestro territorio, y que impide que el agua de lluvia se filtre fácilmente al subsuelo, ahogando las raíces de las especies leñosas, y favoreciendo la aparición de lagunas endorreicas de carácter temporal como ya hemos explicado en anteriores párrafos. Muchos de estos pastizales llegan a la misma playa, como éste de Castilnovo en Conil de la Frontera, y que se salvó in extremis de la especulación urbanística, gracias a la valiente acción del Ayuntamiento conileño en aquellos tiempos de la Burbuja Inmobiliaria. Hoy, gracias a ello, podemos pasear entre sus flores, y observar la paciente vida de sus reses de ganado retinto.

    • Iglesia de Santa María, Arcos de la Frontera. Los naranjales suelen adornar gran parte de las calles de nuestra Andalucía, aunque curiosamente, abundan más en zonas cercanas a las iglesias, como un remanente, un recuerdo, del tiempo en que en vez de haber iglesias hubo mezquitas. Y los naranjos, se plantaban en el patio de las abluciones. En muchas calles de Andalucía no sería igual la primavera y la Semana Santa sin el olor que despide el azahar. Por ello hay que evitar el naranjicidio existente en algunas ciudades como San Fernando. En la imagen, la flor de azahar se antepone a la torre de la iglesia, una pequeña Giralda, que no llegó a finalizarse. 
  • Verano. En el estío habría que dividir tres sectores en nuestra provincia, una primera de campiña y sierra donde se suelen alcanzar temperaturas extremas cercanas a los 40º. La costa en cambio tiene una canícula más que generosa con respecto al resto del sur español, pues raramente se superan los 32º de máxima. La tercera zona sería el Campo de Gibraltar, de temperaturas aún más suaves, aunque también con un mayor índice de humedad. 
    • Playa de Camposoto, San Fernando. También el verano es época propicia para las flores en nuestra provincia, y en sus playas es posible observarse a lo largo del estío, unas bellas floraciones blancas que salen de la misma arena de las dunas. Es la azucena de mar, que viene a poner una nota de color es una época en la que la escasez de precipitaciones acaban por agostar la otrora verde hierba de los campos. En la imagen, las azucenas embellecen Camposoto al atardecer, playa virgen, que se ha salvado de la especulación gracias a haber sido territorio militar y después, parte del parque natural Bahía de Cádiz. 

    • La Caleta, Cádiz. La playa más famosa y caribeña de la ciudad se encuentra rodeada de fortificaciones y castillos, algunos como el de Santa Catalina, el más cercano en la imagen, de finales del XVI, en el que el arquitecto Cristóbal de Rojas, toma modelos italianos con forma de estrella, y que después sería exportado a lo largo de todo América y Filipinas. Al fondo, el castillo de San Sebastián, con su faro metálico de 1.907, único en su estilo que todavía sigue funcionando. 

    • Tormenta desde la Loma del Puerco, Chiclana de la Frontera. A finales del agosto, el verano empieza a dejar respirar algo, y empiezan a llegar, algunas tormentas de verano, como la que vemos en la imagen, y que sirven de desahogo para los agostados campos. No obstante, nuestra provincia, al tener un clima mediterráneo meridional, no suele verse afectada por fenómenos tormentosos veraniegos como la gota fría, entre otras cosas también, por las frías aguas atlánticas, afectadas por la corriente fría de las Canarias. Las lluvias se suelen dar un sólo día o dos en agosto, para no volver hasta mediados de septiembre, también de forma aislada, y ya, no empezar a descargar hasta el mes de noviembre, mes oficial del comienzo de la época de lluvias. 

    • Olivar, Olvera. Aunque la imagen sea al cien por cien veraniega, y despida el calor cercano a los cuarenta grados que hizo aquel día, lo cierto es que en Andalucía el estío bien puede instalarse hasta finales de octubre, como vemos en esta foto sacada un día 28 del mencionado mes. Todavía no había caído una gota, y estrés hídrico se muestra patente en los campos, que como puede observarse, el único verde que domina, es el plateado de los olivares. 


  • Otoño. El otoño en nuestra tierra es realmente una pequeña continuación del verano, aunque algo más suavizado, y de humedad ambiental más pegajosa. Sólo a finales de noviembre suele haber un importante bajón de temperaturas, que anuncia la llegada inminente del invierno. En octubre las temperaturas rondan entre los 17º y 24º, mientras que en diciembre las mismas han descendido y se quedan entre 17º y 11º.
    • Convento de los Caños Santos, entre Alcalá del Valle y Olvera. Abandonado hace siglos, hoy es un centro cultural vinculado a la primera localidad. Magnífica obra manierista, tiene delante de su bella fachada un magnífico patio arbolado, que llegado el final del estío tiende éste, a embellecer el lugar con sus amarillentas hojas. Esta imagen contrasta con los siempre verdes olivares que le rodean. 

    • Parque de los Pinsapos, Zahara de la Sierra. De reciente creación, se trata de un pequeño jardín botánico en el que el protagonista es la mencionada conífera, abeto de carácter mediterráneo, acostumbrado a los estiajes, y que es la joya natural de la zona. Junto a él, le acompañan su formación natural en el medio rural, con arces y quejigos, que en otoño con las hojas rojas de los primeros, y amarillas de los segundos, dan un toque de color al parque. Aparte se pueden observar espectaculares madroños, así como mostajos y otros ejemplos arbustivos típicos de los bosques de montaña gaditanos. 

    • Puerto de Gáliz, Los Alcornocales. No todo es de coloración variada en el otoño gaditano, de hecho, los árboles de hoja caduca no son lo normal en nuestra tierra, al menos en el plano salvaje (excluyendo el ornamental de las poblaciones humanas). Los bosques de alcornoques del este gaditano son de los más extensos de Europa, y casi siempre se encuentran entre la niebla (especialmente en otoño), lo que da lugar a distintos sectores de vegetación lauroide, parecida a la de Canarias y otros sitios subtropicales. En otras zonas más secas, son los acebuches y los algarrobos los que dominan el paisaje. Por ello, aquí lo que dominan son los distintos matices de verde. 

    • Paseo en Arcos de la Frontera. Los plátanos de sombra son los árboles protagonistas de muchas ciudades españolas, y la que más colorido tienen en el otoño, gracias a sus amarillentas hojas. En Andalucía, los paseos de albero con ordenadas hileras de plátanos que marcan un camino, ofrecen una de las estampas más bellas de nuestras localidades, como en éste caso, en Arcos de la Frontera. 

 Como vemos en esta entrada, las posibilidades que ofrece nuestra tierra según la época que se visite permite obtener distintas experiencias y puntos de vista, en el que si corremos el riesgo de ver uno sólo, podemos caer equivocadamente, en una sola idea, basada en una única cara de una tierra que es muy variada, además, en lo climático. Así pues, le animo a visitarnos en distintas estaciones. Un saludo desde el sur. 

domingo, 8 de abril de 2018

Rincones curiosos de Sevilla.

 Abril es el mes de la capital andaluza por excelencia, un tiempo primaveral en el que la ciudad muestra lo mejor de sí (aunque tampoco conviene perderse el otoño), con unos jardines y paseos con un colorido incomparable debido a las flores, como las de azahar o las de jacaranda. Además, a lo largo de estos meses se celebran las grandes fiestas de la ciudad: Semana Santa, Feria de Abril y Corpus Christie. Por ello, tanto en una fiesta como en otra, o en todas, muchos irán aunque sea algún día de visita, así pues, decidí crear una entrada con algunos rincones curiosos que observar en la ciudad hispalense; no hay grandes tecnicismos ni datos históricos relevantes, solamente señalar dichos lugares para que los visitantes puedan acercarse. Tampoco voy a hablar de los monumentos famosos y conocidos, como la Giralda, pues muchos circuitos y visitas programadas ya informan sobre ellos. Son secretos de una ciudad, que me han ido enseñando amigos que han hecho de guías locales, y que por tanto, aunque algunas cosas sean conocidas por los propios sevillanos, son en ocasiones una novedad para los foráneos como yo. Ahí van, como la sota de bastos: 
  • Palacio de la Algaba: Eclipsado por los palacios de Pilatos, Lebrija y Dueñas; el de la Algaba es uno de los grandes monumentos desconocidos de la ciudad. No obstante, estamos ante una de las mejores obras mudéjares que uno pueda observar. Construido entre los siglos XV y XVI, tiene una curiosa portada, un bello artesonado, y sobre todo, un magnífico patio ajardinado, de ladrillo visto, con algunas columnas de mármol de origen genovés. Antaño estaba comunicado por una algorfa con la iglesia de Ommium Sanctorum.
  • David de Pilatos: No hace falta ir hasta Florencia para ver un David de Miguel Ángel, en la ciudad hispalense hay una pequeña réplica en los jardines del Palacio de Pilatos, situado en una hornacina. Como bien puede observarse en el edificio, los dueños tanto Fadrique Enríquez de Rivera, como su sobrino Per Afán de Rivera, quedaron bastante impresionados por las esculturas renacentistas italianas en algunos de los viajes que éstos realizaron por el país transalpino. Aunque las dimensiones varíen con respecto al original, es una curiosidad más en un palacio que es una delicia para los amantes del arte. 
  • Torre de la Plata. De todos es conocida la famosa Torre del Oro, sin embargo, apenas unos metros más allá, sigue existiendo una hermana pequeña, con el mencionado nombre de la Plata. A diferencia de su hermana mayor, ésta no se encuentra en un lugar que haya sido favorecido por la belleza, sino que se encuentra junto a un aparcamiento. No obstante, merece la pena acercarse a verla, y observar su pareja arquitectura con el monumento almohade, construida en el siglo XIII en ladrillo visto, y forma octogonal, estaba unida a la del Oro, por un paño de muralla. 
  • San Bernardo y alrededores: No todo lo monumental y típico se encuentra en el centro histórico; a extramuros, entre el casco histórico y Nervión, se encuentra este barrio que fue arrabal en tiempos de Al Andalus, y que sigue manteniendo su arquitectura tradicional entorno a la parroquia que le da nombre, la de San Bernardo, construida en el siglo XVIII, tiene un estilo de transición entre el barroco y neoclásico, con el típico colorido de la ciudad hispalense. Sin embargo, el edificio que ha dado fama a la zona no es otro que la estación de ferrocarril, inaugurada en 1.902, y que está construida en un estilo clásico, de tipo isabelino. Otro edificio de interés es la Fábrica de Artillería, un enorme conjunto de edificios industriales, que si bien tuvieron orígenes del XVI, toma su forma actual en el XVIII, en estilo barroco.También en la zona de Eduardo Dato, es interesante el regionalista edificio de Bomberos, así como algunos cuarteles; en la misma avenida, se puede observar el único resto que queda de una plaza de toros Monumental que tuvo la ciudad, y al parecer bastante más popular en sus tiempos que la conocida Maestranza, más frecuentada por las clases pudientes. Al lado del barrio se encuentra un magnífico parque, el de la Buhaira, uno de los sitios más agradables de la ciudad, en el que además de la magnífica arboleda, puede observarse una obra más de Aníbal González, un pabellón mudéjar edificado sobre restos de un palacio almohade que le dio nombre al lugar. También del mismo arquitecto iba a ser la impresionante basílica, que con advocación de la Inmaculada Milagrosa, hubiera tenido proporciones de catedral, y aspecto neogótico, con dos torres de cien metros de alto. Todo quedó en nada, pero aún queda sus basamentos para hacernos una idea de lo que pudo ser.  Además, en las cercanías se puede ver la interesante iglesia de San Benito, el único edificio vivo que queda del monasterio que existió en este lugar, en estilo manierista, y que fue edificado en el XVII. En la misma avenida y a tan sólo unos metros pueden observarse también los restos de un acueducto romano, reconstruido por los almohades. 
Pabellón Mudéjar (Buhaira)

Estanque y pabellón.

Calles del barrio.

Iglesia de San Bernardo.

Fachada de la fábrica.

Iglesia de San Benito.


  • Capilla de Maese Rodrigo o de Santa María Jesús: Situada en la concurrida Puerta de Jerez, es uno de los lugares más céntricos y visitados de la ciudad. No obstante, muchos de los foráneos que por allí hemos pasado nos hemos fijado en una pequeña capilla de estilo gótico mudéjar que aquí se encuentra. Sin embargo, este templo es lo único que queda de la Universidad Sevillana, fundada y construida en tiempos de dicho templo, allá por el año 1.506. El resto de edificios se perdieron cuando fueron derribados para la ampliación de la avenida de la Constitución. Aunque la fachada de la misma, fue trasladada al compás del convento de Santa Clara.

  • Iglesia del Sagrario: Seguimos en la misma avenida de la Constitución, y eclipsada por la magnífica Catedral, tenemos otra joya, que si bien forma parte, aunque anexa de la seo. Se entra por dicha avenida, y se construyó en el XVII, en estilo barroco por Alonso de Valdevira y Cristobal de Rojas, este ultimo a quien conocemos por la magnífica obra de fortificación de Cádiz. Si bien el exterior apenas invita a pasar por su sobriedad, en el interior el horror vacui típico del barroco se hace presente entre relieves, retablos, capillas, pinturas y esculturas de gran valor artístico. Como curiosidad histórica destacan las pintadas o grafitis exteriores del siglo XIX, por estudiantes universitarios que se sacaban el doctorado.
Pintadas.

Interior del templo.

  • Callejón de la Inquisición: Nos vamos ahora para Triana, justo al lado del puente del mismo nombre, se encuentra este estrecho y angosto callejón que formó parte del castillo de San Jorge, del que hoy apenas quedan restos. Dicha fortaleza hizo las veces de prisión y sede del Santo Oficio de la ciudad, así pues que entrar por el mismo desde el río, era como hacerlo por el Traitor Gate de la Torre de Londres, se sabía que se iba a acabar condenado y torturado. Hoy comunica al barrio con un bonito paseo, algo oculto, junto al río, y desde donde se puede ver una curiosa estampa del puente trianero desde abajo.
Vista desde la salida del callejón.

El callejón.

  • Un palacio sacado de Florencia: En plena calle Imagen encontramos una edificación que bien parece sacada de la ciudad transalpina, el palacio del Marqués de la Motilla. Aunque realmente es una obra historicista, realizada en los años veinte, por el arquitecto italiano Gino Coppedé, cuyo origen precisamente es florentino. La torre de hecho, está inspirada en el Palacio Vecchio de dicha ciudad, el resto recoge modelos tanto renacentistas como neogóticos. 

  • Torre románica de Don Fadrique: Cerca de la Alameda de Hércules podemos encontrar esta torre con un claro aspecto defensivo dentro del convento de Santa Clara (también de gran interés artístico); hasta ahí todo normal, lo curioso es el estilo arquitectónico de la misma, con un estilo románico y del primer gótico en algunas partes, una solución inusual en estas latitudes, donde con la conquista cristiana ya viene con el estilo gótico, que sería ejecutado con modelos mudéjares. 

  • Casa de las Sirenas: En plena Alameda de Hércules podemos encontrar este palacio edificado a finales del XIX, con un modelo de una chateau francesa del siglo XVIII. La época en el que fue construido este edificio, el movimiento Isabelino se fijaba mucho en los modelos franceses imperiales. Tras años de abandono, hoy se encuentra felizmente restaurado. 

  • Hombre de piedra: Seguimos en las cercanías de la Alameda de Hércules, en una de sus calles que desembocan aquí encontramos este curioso nombre, debido a la presencia dentro de una pequeña hornacina a nivel de suelo, del torso de una estatua romana que sirvió en tiempos de botarruedas.

  • Columnas romanas de la calle Mármoles: Nos vamos ahora para las cercanías de la Catedral para observar los restos de un templo romano que conserva unas impresionantes columnas de mármol que alcanzan los ocho metros. No obstante, no están todas, dos se encuentran en la Alameda de Hércules, pues fueron trasladadas en el XVI, y que hoy sirven de pedestal a las famosas estatuas de dicho paseo. Otra se rompió en el traslado hacia los Alcázares. 

  • Parque de Miraflores: Bonito y extenso parque situado al norte de la ciudad, a las afueras del centro histórico, por lo tanto fuera del circuito turístico, aunque merece una detenida visita: pues con noventa hectáreas constituye la mayor extensión de zona verde de la ciudad. Aparte de su cuidada jardinería, su césped que invita a tumbarse, y tiene un precioso lago lleno de aves acuáticas como gansos, patos y fochas, entre otras anátidas; es también un punto interesante en cuanto a restos arqueológicos, pudiéndose encontrarse una torre medieval, los restos de villas romanas, hay además norias y albercas del XVI, así como el molino del aceite del XVII, entre otras joyas...

  • Colegio de la Salle: En la avenida de San Juan de la Salle, encontramos este bonito edificio de corte regionalista edificado en el año 1.931, al más puro estilo árabe andalusí, con aspecto de mezquita, el mismo campanario simula ser un alminar. Aunque fuera del centro histórico, merece la pena acercarse a verlo desde Puerta Osario. 

  • Fundación San Telmo. Cercano al mencionado parque de Miraflores, encontramos este imponente edificio de estilo regionalista edificado a principios del siglo XX por el arquitecto Antonio Gómez Millán, como nueva casa cuna de la ciudad. 

  • Edificios del Matadero: Nos vamos al otro extremo de la ciudad, en la zona de Nervión, donde podemos encontrar uno de los mejores conjuntos regionalistas de la ciudad, edificado por José Sáez y López en el año 1.916. Hoy es instituto de secundaria, así como conservatorio, siento no tener fotos para ilustralo. 
 Termino aquí una amplia lista de lugares curiosos para los foráneos como nosotros en una ciudad que rebosa monumentalidad, pero que en muchas ocasiones, siempre nos paramos en los mismos lugares y edificios de interés, sin detenernos a mirar a muchos otros, que tienen igual interés para los amantes del arte o la historia. Un saludo desde el sur.